Navidades eternas marcadas de pasado y recuerdos
La humanidad se define de instantes, puntos
esenciales en el tiempo, donde se reescribe el destino del mundo, la historia
no es más que un conjunto de piezas que encajan, unas con las otras y que al
final nos muestran un paisajes lleno de sueños donde volvemos a ser niños otra
vez. No puedo evitar pensar en mis navidades pasadas, así las llamo, no porque
hayan quedado en el olvido, sino porque son mi más firme recuerdo de que una
infancia, donde la inocencia y la creencia en lo imposible tenían cabida en mí.
Sin duda como han cambiado los tiempo, nunca
volveremos a ser lo que éramos, pero gracias a esos recuerdos podemos construir
un mejor mundo para nuestros seres queridos, hijos, sobrinos, a partir de esas
historias, quizás guardadas entre pilas de recuerdas, encontramos la clave para
darle a estas navidades un sentido único.
La tradición del Santa Claus, un ser enigmático
y mágico que en una noche recorre el mundo repartiendo regalos y creando
expectativa en los corazones de niños y adultos, o nuestro amado niño Jesús, en
quien depositamos nuestra Fe y deseamos un detalle de su mano, esas tradiciones
se afianzan en nuestro ser, representan lo que somos, sin duda nos han cambiado
la vida.
Pero existen tradiciones que son imborrables,
que mientras crecemos se hacen cada vez más fuertes, como es el abrazo en familia,
esa mirada llena de lágrimas al reencontrarnos con esa persona que con esfuerzo
recorre una larga distancia para simplemente darte un fuerte abrazo y un dulce
beso, nuestra abuela sentada en su silla, llena de recuerdos que avivan esa pasión
que define estas fechas.
Muchas familias, se reúnen y preparan las
hallacas, se convierte en el mayor compartir de chistes, juegos e historias,
los comentarios no paran desde el niño que corta de forma incorrecta las hojas
hasta la que con cansancio sigue amarrando las hallacas. Sin lugar a dudas esos
son espacios de mi vida, que al escribir siento como llena mi corazón de
esperanza.
Pero lo negativo del tiempo, es que tiende a debilitar
estos lazos, y simplemente lo que antes era mucho, poco a poco se va volviendo
poco. Esto nunca debe ser razón para permitirle al olvido tocarnos la puerta. Estas
fechas son espacios para volver a ser niños y lo que más identifica a un niño
es esa ingenuidad y forma única de ver el mundo.
Mis Navidades jamás quedaran en el olvido,
porque el pasado no es olvido, es un camino recorrido y que nos demuestra lo
mucho que hemos crecido, las tradiciones se hacen del pensamiento colectivo, no
dejes que te quiten la alegría, ve el mundo más brillante cuando parezca
oscurecerse. Mira esa mirada inocente en los niños, como esta fecha te hacía
sentir igual, único, en otro mundo, los minutos te parecían infinitos y no
parabas de saltar de alegría cuando sentías los días llegar.
Ese es el espíritu de la navidad, el nacimiento
del Dios hombre, del abrazo en familia, entre hermanos, de las hallacas, la
cena, el ver como el mundo se ilumina para dar paso a un nuevo pensamiento, en
ese momento son un mundo unificado. “Una Humanidad”.
Te invito a que aunque hables del pasado no
creas que se ha olvidado, todo lo contrario, está cada día fuerte y vivo, pues
el único que decide cuando dejar atrás los recuerdos eres tú, quien domina tu corazón.
Se ingenuo e inocente
y vuelve a mirar la navidad con ojos de niño.
Felices Fiestas
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