Carta a un hijo de un futuro lleno de pasado
Querido hijo te comienzo a escribir estas
palabras en un mundo en que ni siquiera conoces, un mundo que me lleno de alegrías
y momentos únicos, pero que por mi propia causa y falta de acción he dejado que
se consuma en la miseria, sabes porque me incluyo porque como cada uno de los
que habitan y forman la sociedad tengo un papel y no puedo pretender ser
distante, debo enfrentar mis errores.
Me gustaría comenzar estas palabras de una
manera más alegre pero a veces las mejores historias comienzan por momentos
crudos, se debe llorar antes de reír como dicen, pero te aseguro que a pesar de
lo difícil que parezca el horizonte estoy dispuesto a luchar por un mejor
mañana.
Decidí dejarte memorias del pasado, con el fin
de que tu presente tenga mayor significado porque sé que algunas querrán enterrar
el mañana y dejar que el horizonte sea aún más oscuro que el que viví, por eso
encuentra el significado, la esperanza en estas palabras, de una Venezuela
distinta, donde no existía el miedo ni el oportunismo, donde el terror no
reinaba en las noches.
Sabes mientras crecía compartí buenos momentos
con amigos muy cercanos, personas especiales que me enseñaron el valor de la
amistad y desde ese instante me di cuenta de que una existencia vacía es el sentimiento
más vacío que puede tocar mi corazón. Fueron muchos años, tus abuelos
trabajaron duro para que nunca faltara un plato de comida en la mesa, y no
recuerdo una navidad que no estuviese lleva de regalos y sorpresas, las calles
deslumbraban bajo las luces resplandecientes de los hogares y los corazones latían
en un mismo sonar. Sin duda era una Venezuela distinta.
Me pregunto ¿de qué sirve contarte del pasado
si lo que vivimos fue dejado en la historia?
Simplemente te lo digo pues no quiero que solo
vivas el presente, aliméntate del pasado como una vez lo hice, fortalécete de
los momentos difíciles pues ellos te brindan esperanza y la esperanza llena el corazón
de fortaleza. Cree en Dios y que nuestro esfuerzo no haya sido en vano, que tus
hermanos que dieron su corazón coexistan contigo en el día a día.
Esta tierra es tuya como fue mía, te la entrego
así como me la entregaron a mí en un momento, apréciala y atesórala y haz de tu
mundo un mejor mundo.
Dos tiempos y dos
historias con un punto en común, el tiempo es un factor común, sin duda solo
somos piezas en el juego del universo, lo que viví quizás no lo vivas por ahora
pero no permitas que nuestro sacrificio sea en vano, pues la historia y todo tu
ser te reclamara tu ausencia de carácter.
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